Tras releer sobre la muerte de mi iPod, me doy cuenta de aquello en lo que he convertido a este blog...
Una serie infinita de superficialidades, al grado de dedicarle un post al nuevo par de tennis que me compré.
En una de las celebraciones de mi cumpleaños, uno de mis amigos me dijo en su tono bonairense algo sobre dicho post... y no pude responder nada. Porque, en realidad, no había nada ahí.
...
El punto es: dejé de escribir sobre lo que traigo dentro, para hacerlo sobre esas cosas inocuas y que siempre sirven para cubrir en pos de las buenas costumbres y el buen leer.
¡Al carajo!
Adiós pendejaditas...
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